Escucho el silencio del tiempo que pasa _ escuto agora o silêncio, me quedo con él y en él, entro en las letras y en los números _ atravesso letras e números, embalo e calo _ las callo y los cuento, busco el prodígio de la relación constante _ afloro o prodígio da relação constante, a assombrosa claridade do silêncio, o encontro transparente da verdade _ el asombro cintilante de la vida ____ SOY pi & phi _

12/1/15




            Niños de Moguer celebrando el Premio Nobel de Literatura otorgado a Juan Ramón Jimenez en 1956, delante de la casa del poeta.  (EFE/Rowall)


Cuando yo era el niño Dios, era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.
Cada casa era palacio y catedral cada templo;
estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, como los vientos, ligeros,
creyendo que el horizonte era la raya del término.

Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos,
y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol y por la calle de En medio,
iba tirando doblada del niño Dios y su perro:
el niño todo metido en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo con aprobación y esmero.

¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niño Dios huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo;
ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,
morir siendo el niño Dios en mi Moguer, este pueblo!


Juan Ramón Jiménez


1 comentario:

~pi dijo...

habitando a luz,
embora sem calendário,
porque pouco nele creio,
porque nunca o nego-aí vem a minha alma pálida,
luz de si mesma
redentora de lágrimas e risos sem porquê e
outros sinais habitantes
também
de outros lugares e de outros tempos ~

( e depois lembrei Pessoa no seu poema do Menino Jesus
e uma viagem cumprida a passo
e
lembrei-me a mim de mim
sem cão e sem nada
agrilhoada a
grilos, louva-a-deus, escaravelhos e monjas de convento
fotografada no espanto ventoso do pouco tempo depois
filha natural da mesma semente.

e recordo as sementes que ali ficaram
pétalas de Platero e Juan
plantadas um dia no vento quente.

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